
Por regla general, todos estamos deseosos de que lleguen las vacaciones y con ellas romper nuestras rutinas, horarios de trabajo, obligaciones que vienen impuestas por el guion, para así poder dedicarnos a hacer un viaje, una escapada, pasar tiempo con la familia, volver a ese lugar de origen (pueblo, casa familiar, entorno añorado….) dejándonos llevar por el momento y rompiendo un poco el corsé que nos aprisiona el resto del año.
Pero hete aquí que algo tan idílico a veces, demasiadas veces, se nos presenta como una ardua cruzada. Los viajes están a la orden del día, hay gente en todos lados que aparecen como riadas en cualquier rincón, no queda un lugar tranquilo en el planeta porque si alguno había ya se ha encargado algún “influencer” (como llaman ahora a algunos iluminados) de publicarlo a diestro y siniestro a toda su legión de seguidores; esas escapadas y viajes a lugares “con encanto “que automáticamente lo pierden (el encanto) a golpe de “like”. Por no hablar de las incidencias en los desplazamientos, trenes, aviones, aeropuertos, carreteras…… hay que salir bien pertrechados por lo que te pueda venir, que puede ser cualquier cosa, no digamos ya cuando sueltan a los cruceristas en una ciudad que has ido a visitar y allí no hay quien encuentre un baño libre ni posibilidad de hacerse una foto hasta que no los recojan de nuevo al barco. Pero qué bonito es viajar!!!
Y de volver al pueblo y al entorno añorado, pues más de lo mismo, porque nuestra nostalgia es solo eso, un poso en nuestro recuerdo de algo que ni por asomo es lo que era, ni nosotros somos los de antes ni los lugares de antes nos aportan el anhelo que albergamos. Pero allí volvemos una y otra vez como quien hace una peregrinación a su lugar sagrado.
De pasar más tiempo en familia ni hablamos, más ahora que no hay horarios rígidos y se rompen las reglas diarias, los niños se vuelven ingobernables, los padres se muestran incompetentes para sus vástagos y esto hace que las discusiones entre todos afloren de continuo. Cierto es que el calor tampoco ayuda inflamando la convivencia sobremanera, añadido a que el sueño en verano es todo un desafío, crispando aún más si cabe nuestro carácter ….Pero que bonita y edificante es la familia!!!
Por algo hay un dicho en el mundo de la espiritualidad muy oportuno, que cuando has estado en un retiro vacacional, en un lugar idílico, en contacto con la naturaleza , de estos que te dejan suave, en paz, como si te hubiesen aplicado un bálsamo, que tú piensas que aquello ya es para toda la vida, que ya has entendido perfectamente que has elegido estar en paz, en lugar de querer llevar razón , que tu crecimiento personal ya te ha llevado al siguiente nivel, que ya estás viendo el fruto de todo lo que trabajaste en tu mundo interior durante tanto tiempo, que ya puedes aceptar cualquier situación sin crisparte, entonces, el “gurú” del retiro te dice que si de verdad piensas que ya conseguiste todo eso, te vayas de nuevo a pasar una semana con la familia y lo pongas en práctica a ver qué resultados tienes Pocos, muy pocos pasan la prueba del algodón.
En fin……que nadie nos pinche el globo de las idílicas vacaciones, que sea la cruda realidad la que nos devuelva al redil de saber apreciar cuanto tenemos sin saberlo.
Y ya por ultimo para rematar esta “ironía vacacional” yo les recomiendo escuchar el conocidísimo audio de “diario de un argentino en Toronto” aquí dejo el enlace para los que no lo hayan oído antes.(no tiene desperdicio)

