Y como de golpe nuestra vida cambió en todos los aspectos, de un hachazo  seco y contundente nos vimos recluidos en casa  con las prioridades totalmente ordenadas, ahora la salud y la vida eran lo primero. Todo aquello que siempre nos pareció imposible detener, el ritmo trepidante de nuestra existencia,  de repente frenó en seco para darnos de bruces con nuestro propio Yo, deteniendo hasta el propio tiempo, y  tal vez para hacer todo aquello para lo que nunca había “tiempo”: pensar, reflexionar, observar, agradecer y reconocer cuanto valor tenían las pequeñas cosas cotidianas y que no agradecimos lo suficiente; el movimiento, la libertad,    los encuentros, los amigos, los abrazos, el trabajo, los planes,  las rutinas y problemas cotidianos …..y tantas cosas.

Ahora que nos hemos acostumbrado al refugio y protección  de la guarida, tras muchas imágenes devastadoras, información excesiva,  a veces  demoledora a veces falsa, a veces  confusa, ahora que todo esto nos ha sumido en el miedo, la duda, la confusión la incertidumbre, la desolación, la debilidad,  la inseguridad, sin fuerzas, con el ánimo mermado,  ahora hay que empezar a salir a esa nueva realidad  y para ello hay que gestionar todo lo anterior, cada cual de la mejor manera posible y dar  la vuelta a todas estas emociones encontradas para salir con éxito.

Sin ninguna duda saldremos porque en el ADN de la existencia del  ser humano hay un superviviente cargado de experiencia de vicisitudes pasadas que han pertrechado y forjado al luchador que todos llevamos dentro, y esta es la razón por la que la peor situación puede catapultarnos a la mejor , entonces,  respirando hondo y profundo y tomando consciencia  con solo dar el primer paso, por pequeño que sea ,habremos invertido la tendencia (doblegar la curva esa de la que tanto hemos oído hablar)  y  nuestro miedo se empieza a transformar en valor y fuerza, ésta en  confianza , energía, autoestima, esperanza, ilusión, capacidad ….y sin darnos cuenta, con ese pequeño primer paso,  habremos escalado una empinada cuesta que nos habrá convertido en personas más sabias, más sensatas, más fuertes, más capaces ,  y más “Todo”, es verdad que el precio siempre suele ser alto, por algo dicen que el sufrimiento es uno delos grandes maestros, junto con la enfermedad, la vejez y la muerte. “EL VIEJO NO PUEDE LO QUE SABE Y EL JOVEN NO SABE LO QUE PUEDE”  y  la vida nos volverá a parecer maravillosa, porque ni en su peor cara deja de serlo, siempre es para enseñarnos algo.

Y DE COMO IREMOS VOLVIENDO…….
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