En el mundo del yoga tenemos, diría yo, el representante de este interrogante en   Ramana Maharshi (maestro espiritual hinduista nacido en 1.879 y fallecido en 1.950 muy conocido en el siglo XX) quien nos dejó como legado de sus enseñanzas  precisamente una serie de reflexiones encabezadas por  la pregunta  ¿Quién Soy Yo? Invitándonos a esa continua meditación  repitiendo el mantra  SO HAM hasta que nos vengan las repuestas en la serenidad de la mente, en una perseverante auto indagación para alcanzar la anhelada  libertad y felicidad.

Ahora más que nunca,  debemos enfocar la atención hacia el interior en la pregunta inicial, nada fácil de responder y que  nos llevará toda una vida encontrar la respuesta, si es que la encontramos.

Esta vida dispersa, con tantas interferencias externas que nos distraen, desorientan y nos hacen perder mucho tiempo  y  calma en una superficie  de  un  mar demasiado extenso y revuelto. Verdaderamente, qué conocemos de nosotros mismos, soy mis pensamientos? Mis sentimientos?  Mis anhelos? Mis necesidades? Mis impulsos? Mis instintos? El personaje que ha tomado el papel de mi vida y se lo ha creído a pies juntillas?  Soy todo lo anterior  y a la vez nada de eso ?

Muchos interrogantes que requieren de sosiego , ganas de profundizar y mucho valor. Para ello también se requiere de discernimiento, palabra que podríamos definir como la suma de conocimiento (no equivalente  a información) más intuición, algo que hemos olvidado súbitamente por la era tecnológica actual  que parece conectarnos con los que están lejos y alejarnos  de los que están cerca y también  nos aleja  de nosotros mismos, de nuestro GPS interno.

Desde todos los tiempos estas preguntas sobre el propósito  de nuestra vida, sobre el porqué de la existencia, el conocimiento de nosotros mismos, nos han  acompañado en todas las culturas y civilizaciones…. En nuestra cultura grecorromana, los filósofos clásicos, estoicos y otros, se planteaban también estas cuestiones  como eje principal sobre hacia donde  orientar nuestra existencia y crecimiento humano. “Conócete a ti mismo” reza  en el templo  de Apolo en Delfos.

También en nuestra Biblia, Dios contestó a Moisés cuando éste le pregunto su nombre:” Yo soy el que soy”. (Éxodo 3.14),   esta frase aparece numerosas veces en la Biblia con todo el trasfondo teológico  que la frase puede conllevar y sin querer entrar en un  debate que no domino y demasiado amplio para abordarlo desde estas líneas.

En fin….el tema daría para mucho, y la conclusión es que ahora más que nunca deberíamos volver a estas reflexiones y trascendernos a nosotros mismos; parar, respirar y tomar conciencia, en lugar de  alejarnos cada vez más de nuestro eje primordial, distraídos en tanto ruido y confusión externa.

Una anécdota, no sé si real o inventada, cuenta que en cierta ocasión el filósofo alemán Schopenhauer muy taciturno  y totalmente atormentado por la pregunta ¿Quién soy yo? (en el sentido metafísico, claro está) se perdió en un parque y parecía totalmente desorientado cuando  alguien llamó a la policía, sin saber de quien se trataba,  para que lo ayudase, cuando se le acercó el agente y le preguntó: Señor, ¿Quién es usted? A lo que el filósofo respondió: amigo mío, si tuviera usted la respuesta a esa pregunta  le quedaría eternamente agradecido.

QUIEN SOY YO?
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