Allá por el año 1999  trabajaba yo en una gran multinacional que se fusionó con otra igual o mayor si cabe y  para integrar al  voluminoso  grupo  de personal  y equipos de ambas organizaciones nos hacían algunas dinámicas de grupo  (en aquella época los empleados aún eran considerados como “capital humano” al que se formaba, motivaba e incentivaba, como parte importante  para que nos sintiésemos identificados con la casa y de camino aumentar la productividad, hoy creo que en la mayor parte de las organizaciones pintan bastos en este aspecto) a lo que voy, en una de esas dinámicas, el instructor propuso un juego que consistía en plantear unos hechos con unas pistas y  a  partir de ahí nosotros podíamos formular preguntas a las que él solo podía responder :SI, NO o IRRELEVANE, así hasta resolver el enigma planteado , todo se hacía en abierto, es decir todos oíamos las preguntas y las respuestas  de todos para sumar información en equipo y resolver. Y para esta ocasión el juego planteó lo siguiente: Aparece un hombre muerto en el desierto,  desnudo y con  un “palito” en la  mano, como pista extra se nos dijo que era importante  el “palito”.  Había que resolver como murió el individuo. Éramos un grupo de unas 40 personas, y creo que fue a la tercera pregunta o así que yo resolví el enigma (luego cuento la solución) no porque fuera mejor  ni más lista, y también ayudó claro está, alguna pregunta anterior, sino por un “condicionamiento” que marcó gran parte de mi infancia y mi asociación con aquello fue automática, una conexión inconsciente.

Mi padre, que fue siempre una persona muy competitiva, (aún vive, pero de este rasgo le queda poco por su demencia )  pues en su  particular manera de impartir justicia salomónica entre mi hermana y yo para cualquier cosa, ya fuera elegir entre ir aquí o allí, repartir alguna chuchería, juguete, elección de juego, o lo peor, realizar tareas de las que nos teníamos que ocupar, vivíamos en el campo y había que colaborar ( hoy esto sería visto como explotación de menores, en aquellos años era simplemente  supervivencia y lo normal en muchas familias)  pues lo echaba a suertes, cogiendo dos “palitos” que guardaba en su mano, asomando por arriba en partes iguales, pero siempre de diferente longitud, para según lo establecido, si sacabas el largo elegías, si sacabas el corto te aguantabas con la elección de tu contrincante. Como cualquier hombre de campo mi padre siempre llevaba navaja y le encantaba buscar, cortar y preparar los dichosos palitos que yo odiaba a muerte, y cada vez que lo veía adecentando uno, lo mataba con la mirada pensando para mis adentros, a ver qué sería lo siguiente que me tocaría,….. Y así era como un dichoso “palito” elegía mi suerte en infinidad de pequeñas cosas cotidianas que me irritaban sobremanera, no sé si por tener que hacerlas, o por el dichoso proceso de sorteo previo que  tanto detestaba.

Entendéis ahora cómo para mí estaba contundentemente claro que el interfecto de nuestro enigma había muerto porque le “tocó”,  fue su mala suerte de ese día. Aclaro el resto para los que no lo sepan: iban sobrevolando el cielo en globo, más de una persona, cuando el globo perdía fuerza y  había que soltar lastre, de ahí aparecer desnudo, sin rumbo en el desierto, y el palito en mano para sortear quien saltaba y aumentar las probabilidades de salvar al resto.!!!

EL ejemplo era muy evidente por mí  pero ¿Cuantos de estos condicionamientos actúan silenciosamente en nuestro  particular “sistema operativo mental” con reacciones y decisiones automáticas sin ser conscientes?

SOBRE LOS CONDICIONAMIENTOS (anecdota personal)
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